Ser padre de dos mujeres
Miraba a mis hijas el día del padre desayunando churros y porras con chocolate (los mejores del universo) en la plaza de nuestro barrio y escuchándolas hablar, pensaba en que clase de mujeres se han convertido.
Por casualidad de calendario el día de la mujer y el día del padre caen cada año en el mismo mes de marzo con 11 días de diferencia y está coincidencia ha provocado este texto para en nuestro blog de Anida.
Ser padre es algo que me cuesta colocar desde la cabeza ahora que mis hijas son adultas y nos podemos ver desde otra mirada más horizontal. Siento que se han convertido en dos mujeres de las que cada día aprendo. Dos maestras que cuestionan el sistema en el que viven, que a mí tampoco me gusta, intentando vivir dentro de él, deconstruyendo lo aprendido e introyectado de lo que nuestra sociedad espera de ellas como mujeres.

Desde la brecha generacional y mi posicionamiento como padre y como hombre, cuando las miro, me hago la pregunta de sí son las hijas que hubiera querido tener, y la respuesta es que son mucho mejores de lo que yo pensaba que iban ser.
Coherentes, activistas, luchadoras, feministas y ambas haciendo proceso personal para poder atravesar sus propias dificultades y contradicciones.
También me pregunto cómo las puedo seguir acompañando. La respuesta pasa por mí propia revisión, por atravesar mis dificultades y propio proceso personal.
Necesito reconocerme la vulnerabilidad de mí hombría dentro de un sistema patriarcal y machista, que me coloca constantemente en el privilegio de ser un hombre blanco heterosexual con necesidades económicas cubiertas.
Es difícil trabajar tanta mirada externa condescendiente. A veces desenfoco y me dejo atrapar por el reconocimiento social, y cuándo me doy cuenta me duele, porque yo también soy víctima del propio sistema patriarcal. Solo desde el trabajo consciente y el compromiso conmigo mismo puedo intentar colocarme al margen de dicho sistema, un margen muy fino que puedo atravesar en cualquier momento y que es necesario revisar y cuestionar a diario, porque solamente por el hecho de ser hombre los niveles de compromiso y renuncia a la hora de hacerse responsables ante la paternidad-maternidad son muy desiguales. Diciéndolo de una manera más popular: solo por el hecho se ser hombres salimos mejor en «la foto» del reconocimiento social.
Para acabar y dentro de la mirada terapéutica, señalar la necesidad de revisarnos y revisar nuestros mecanismos de funcionamiento aprendidos con nuestros hijes. No estamos condenados a repetir patrones de comportamiento en la relaciones familiares. Hay otras maneras de hacerlo.
Julio García Martínez