Conociendo a Alejandra García Jiménez

Alejandra_Garcia_psicologa_madrid

Una mirada al ser humano desde la Gestalt, los vínculos y el cuerpo

Alejandra García Jiménez es psicóloga sanitaria y terapeuta Gestalt en Madrid. En 2020 puso en marcha ANIDA, el espacio de psicología, terapia y formación de la calle Ibiza.

Hoy la hemos sentado a charlar con calma para que la conozcas un poco mejor: cómo llegó a la Gestalt, cómo es una sesión con ella, qué le diría a quien lleva tiempo dudando si pedir ayuda y qué significa para ella ANIDA.

Si estás pensando en empezar terapia, quizá sus respuestas te ayuden a dar el paso.

Alejandra_Psicologa_Madrid
Alejandra_Psicologa_Madrid

1. ¿Quién es Alejandra y qué te llevó a dedicarte a la psicología y, más tarde, a la terapia Gestalt?

Desde que tengo uso de razón, el ser humano me apasiona. Siempre me ha llamado la atención cómo todos buscamos, en el fondo, lo mismo. Sentirnos queridos, vistos, reconocidos, pertenecientes, tener un lugar y un sentido y  sentirnos seguros. Y cómo vamos encontrando nuestro camino en ese intento de conseguirlo.

Crecí en una comunidad de vecinos rodeada de iguales diferentes a los que sentía hermanos. Mis primeros pasos de salida al mundo, ya adolescente, los di de la mano de lo comunitario. Pasé mis fines de semana como voluntaria en diferentes entornos y contextos con la inquietud de conocer realidades distintas. La confianza de que lo colectivo era una fuerza en sí misma que trascendía lo individual.

Esa curiosidad me llevó a estudiar psicología en una universidad humanista y a formarme posteriormente en mediación familiar y terapia familiar sistémica.

Con el tiempo, sentí la necesidad de ampliar mi mirada y profundizar también en mi propio proceso personal. La terapia Gestalt, así como la terapia integrativa a través del eneagrama, me ofreció una forma de entender el crecimiento y el cambio que conectaba mucho conmigo. Fue una invitación a detenerme, tomar conciencia de mi propio funcionamiento y carácter, reconocer mis propias necesidades y responsabilizarme de ello.

He seguido ampliando mi mirada con formación en trauma y como este se queda alojado en el cuerpo.

Acompañar a otras personas también me ha llevado a explorar mis propios límites, contradicciones y posibilidades. Creo que parte de mi manera de estar en terapia nace precisamente de ahí: de entender que no acompañamos desde un lugar de perfección o de respuestas, sino desde la experiencia, la formación y la capacidad de seguir aprendiendo con el otro.

2. ¿Cómo le explicarías qué es la terapia Gestalt a alguien que nunca ha ido a terapia?

Le diría que la terapia Gestalt es un espacio para parar y escucharse. Vivimos muchas veces en automático, respondiendo a las expectativas de los demás, repitiendo formas de relacionarnos que aprendimos hace mucho tiempo o intentando encajar en lo que creemos que deberíamos ser. Y, en medio de todo eso, podemos perder el contacto con lo que realmente sentimos y necesitamos.

La Gestalt nos invita a volver a nosotros mismos, a prestar atención a lo que nos pasa aquí y ahora. Tiene mucho que ver con qué sentimos, qué pensamos, cómo responde nuestro cuerpo y cómo nos relacionamos con los demás desde esos patrones aprendidos para poder flexibilizarlos, para dejar de vivir desde esos automáticos.

No se trata de aprender a ser otra persona ni de eliminar todo aquello que nos incomoda. Se trata de sentirnos suficientemente seguros en las experiencias vividas. Se trata de comprendernos mejor, ampliar nuestra conciencia y descubrir que quizá tenemos más posibilidades de las que creíamos.

A veces, el cambio empieza por algo tan sencillo y tan difícil como reconocer que estamos tristes, que tenemos miedo, que estamos enfadados o que llevamos demasiado tiempo haciendo algo que ya no queremos hacer.

La terapia no consiste en que alguien nos diga cómo debemos vivir, sino en acompañarnos para que podamos encontrar una manera segura, consciente y auténtica de hacerlo.

3. Tu enfoque une la Gestalt, la terapia familiar sistémica y el trabajo con el trauma a través del cuerpo. ¿Cómo se nota eso en una sesión?

Se nota en que intento comprender a la persona en toda su complejidad, no sólo a través de lo que cuenta o de los síntomas que presenta.

Desde la mirada sistémica, me interesa conocer su historia, los vínculos que han sido importantes en su vida, los roles que ha ocupado en su familia, las formas de relacionarse que ha ido aprendiendo y el contexto en el que todo eso se desarrolla. Muchas veces, aquello que hoy nos hace sufrir tuvo sentido en algún momento de nuestra historia o fue una manera de adaptarnos a nuestro entorno.

La Gestalt me ayuda a prestar atención a lo que ocurre en el presente, a cómo la persona se relaciona consigo misma y con los demás, y a lo que sucede también dentro de la propia sesión. No solo importa lo que cuenta, sino cómo lo vive mientras lo cuenta.

Y el trabajo con el trauma a través del cuerpo incorpora una dimensión fundamental: nuestras experiencias no se quedan únicamente en los recuerdos o en los pensamientos sino que tenemos memoria somática. Se quedan anclados en nuestra respiración, nuestra tensión corporal, nuestra capacidad para poner límites, para sentirnos seguros o para permanecer en contacto con otras personas.

Por eso, en sesión podemos detenernos en una emoción, observar una reacción corporal, explorar qué sucede cuando alguien expresa una necesidad o reconocer cuándo una situación resulta demasiado intensa.

No se trata de forzar experiencias ni de revivir el sufrimiento, sino de crear las condiciones para que la persona pueda acercarse a su experiencia con seguridad, a su ritmo y con los recursos que necesita.

Para mí, integrar estos enfoques significa no separar a la persona de su historia, de su cuerpo ni de sus relaciones. Todo ello forma parte de quien es hoy y de las posibilidades que puede construir.

4. ¿Qué momentos de la vida suelen llevar a las personas a tu consulta?

Hay momentos en los que algo deja de encajar. A veces ocurre después de una ruptura, un conflicto de pareja, una pérdida o un cambio importante. Otras veces, aparentemente, todo sigue igual, pero la persona empieza a sentir un malestar que no sabe muy bien de dónde viene.

A mi consulta llegan personas que atraviesan crisis personales, dificultades en sus relaciones, problemas para poner límites, sentimientos de soledad, ansiedad, inseguridad o una sensación de estar desconectadas de sí mismas.

También acompaño procesos relacionados con los cambios de etapa: tomar decisiones importantes, revisar la propia identidad, afrontar cambios familiares o profesionales, adaptarse a nuevas circunstancias o preguntarse qué quieren hacer con su vida.

En ocasiones, las personas llegan porque identifican un problema concreto. Otras veces, simplemente sienten que están cansadas de repetir determinadas situaciones o de relacionarse siempre de la misma manera.

No siempre necesitamos tocar fondo para pedir ayuda. A veces, la terapia comienza con una pregunta, con una incomodidad o con el deseo de conocernos mejor y vivir de una manera más coherente con quienes somos.

5. ¿Cómo es la primera sesión contigo?

La primera sesión es, sobre todo, un encuentro. Un espacio para empezar a conocernos, entender qué está llevando a esa persona a pedir ayuda y explorar qué necesita en este momento de su vida.

Me interesa escuchar su motivo de consulta, pero también conocer algo de su historia, cómo está viviendo lo que le ocurre y qué ha intentado hasta ahora para afrontarlo. Vamos construyendo una primera comprensión de lo que está pasando, sin necesidad de tener todas las respuestas desde el principio.

También es importante que la persona pueda conocer mi manera de trabajar y sentir si este espacio puede ser adecuado para ella. La relación terapéutica es fundamental. Necesitamos construir un vínculo en el que sea posible hablar con libertad, sentirse escuchado y explorar aspectos que quizá cuesta compartir en otros lugares.

Alejandra_Garcia_psicologa_Madrid
Alejandra_Garcia_psicologa_Madrid

6. ¿Qué le dirías a alguien que llega con nervios o sin saber cómo explicar lo que le pasa?

A alguien que llega con nervios o sin saber por dónde empezar le diría que no necesita preparar nada ni encontrar las palabras adecuadas. No tiene que saber qué le pasa, ni ser capaz de explicarlo de forma ordenada. Puede llegar con dudas, con contradicciones, sin saber qué necesita o incluso sin poder poner nombre a lo que siente.

Podemos empezar precisamente por ahí. Por lo que le ha traído hasta la consulta, por lo que le preocupa o por esa sensación de que algo no está bien.

No tiene que hacerlo bien. No tiene que demostrar nada. Podemos ir encontrando el camino juntos, a su ritmo.

7. ¿Qué idea equivocada sobre la terapia te gustaría desmontar?

Me gustaría desmontar la idea de que ir a terapia significa que algo está mal en nosotros, que somos débiles o que no hemos sabido gestionar nuestra vida.

A veces, las dificultades que experimentamos tienen que ver con formas de adaptarnos que aprendimos hace mucho tiempo y que, en su momento, nos ayudaron a salir adelante. El problema es que esas mismas estrategias pueden dejar de servirnos o empezar a hacernos daño cuando cambian nuestras circunstancias.

También creo que existe la idea de que el objetivo de la terapia es estar siempre bien, eliminar las emociones desagradables o aprender a controlar lo que sentimos. Para mí, el trabajo terapéutico no consiste en dejar de sentir miedo, tristeza, rabia o incertidumbre, sino en poder relacionarnos de otra manera con esas experiencias, comprender qué nos están mostrando y encontrar recursos para atravesarlas.

Y hay algo más: comprender por qué hacemos lo que hacemos es importante, pero no siempre es suficiente. A veces entendemos perfectamente nuestros patrones y, sin embargo, seguimos atrapados en ellos. El proceso terapéutico necesita llevar esa comprensión a la experiencia, al cuerpo, a las decisiones y a la manera en que nos relacionamos.

No se trata de convertirnos en personas sin conflictos, sino de tener más libertad para responder a lo que nos sucede y no vivir únicamente desde las respuestas que aprendimos en el pasado.

8. ¿Qué le dirías a una persona que lleva tiempo dudando si pedir ayuda?

Le diría que no necesita esperar a estar peor para pedir ayuda. No hace falta que su sufrimiento sea suficientemente grave, que tenga una explicación clara o que pueda justificarlo ante nadie.

A veces, pasamos mucho tiempo intentando resolver las cosas por nuestra cuenta, convenciéndonos de que no es para tanto, de que ya se nos pasará o de que deberíamos poder con ello. Y, mientras tanto, vamos dejando para después nuestras necesidades.

Pedir ayuda no significa renunciar a nuestra capacidad para afrontar la vida. Significa reconocer que no tenemos por qué hacerlo todo solos y que hay experiencias que necesitan un espacio diferente para poder ser comprendidas y transformadas.

Si llevas tiempo pensando en empezar terapia, quizá merezca la pena escuchar qué hay detrás de esa duda. No necesitas tenerlo todo claro antes de dar el paso. Puedes empezar precisamente desde la incertidumbre, desde el cansancio o desde el deseo de que algo cambie.

La terapia no puede prometernos una vida sin dolor ni resolver las cosas por nosotros, pero sí puede ofrecernos un espacio para comprendernos, acompañarnos en momentos difíciles y descubrir nuevas maneras de estar en nuestra propia vida.

9. ¿Qué significa para ti trabajar en ANIDA? ¿Qué tiene este espacio de especial?

Para mí, ANIDA es mucho más que un lugar donde pasar consulta. Es un proyecto que nace de una manera compartida de entender la psicología y el acompañamiento: desde el respeto a las personas, el compromiso con la salud mental y la convicción de que necesitamos espacios donde poder mostrarnos sin miedo a ser juzgados.

Crear ANIDA también ha significado apostar por una forma de trabajar en la que la colaboración, el cuidado y la construcción colectiva tengan un lugar importante. Quería contribuir a crear un espacio que no se limitara a ofrecer atención psicológica, sino que pudiera convertirse en un lugar de encuentro, aprendizaje y crecimiento para las personas que acuden a él y para quienes trabajamos allí.

Me parece especialmente valioso que convivan distintas miradas, profesionales y formas de acompañar, y que podamos compartir experiencias, pensar juntas y seguir aprendiendo. La calidad de nuestro trabajo también depende de cómo nos cuidamos, de cómo colaboramos y de la capacidad para revisar lo que hacemos.

ANIDA representa, además, una apuesta por una psicología comprometida con lo social y lo comunitario. No pierde de vista que el sufrimiento individual está relacionado muchas veces con nuestras condiciones de vida, nuestros vínculos y el contexto en el que nos desarrollamos.

Anida_terapia_Gestalt_Madrid
Anida_terapia_Gestalt_Madrid

Me gustaría que las personas que llegan a ANIDA encuentren un lugar donde puedan detenerse, sentirse acogidas y empezar a mirar su historia y su presente de otra manera. Un espacio de seguridad, respeto y libertad, donde no necesiten ser diferentes para ser aceptadas y desde el que puedan ir encontrando sus propias respuestas.

Al final, creo que eso es lo que da sentido a este trabajo: acompañar a las personas para que puedan comprenderse mejor, recuperar posibilidades y hacerse responsables de su propia existencia, no desde la exigencia, sino desde una conciencia cada vez mayor de quiénes son y de cómo quieren vivir.

Si hay algo que nos deja la conversación con Alejandra es que pedir ayuda no es un último recurso. No hace falta tocar fondo, tenerlo todo claro ni saber explicar lo que te pasa. A veces basta con una incomodidad, una pregunta o las ganas de conocerte mejor.

Y cuando llegue el momento, estaremos aquí: en un espacio cálido, seguro y sin prisa, donde puedes llegar tal y como estás. 🤍

¿Te apetece dar el primer paso?

📞 Llámanos al 915 73 40 57 y cuéntanos qué necesitas. Estaremos encantadas de escucharte.
💬 O escríbenos por WhatsApp al 613 001 013, si lo prefieres.

📍 Calle Ibiza 37, 1º Centro Dcha., Madrid (Retiro)
📩 info@anidaterapia.es